18.9.19

LA DELICADA RELACIÓN CON TU MADRE



Son muchas las mujeres que llegan a mi consulta con distintos problemas y que en una primera entrevista, cuando indago sobre la relación que tienen con su madre me cuentan que no es para nada saludable.

Algunas mujeres recuerdan de su infancia cómo sus madres les pegaban palizas porque se habían manchado un vestido o les tiraban del pelo por llevarles la contraria. Esto es una violencia física que rompe el alma de cualquier niña y niño.

Otras mujeres me relatan que sus madres las han despreciado a la hora de tomar decisiones importantes, haciéndolas sentir unas tontas, o las han humillado por su forma de vestir o personas con las que salían. Este es un tipo de violencia emocional que crea una gran inseguridad en esas niñas que crecen y se van convirtiendo en adultas "estropeadas", como alguna se define.

El asunto de todo esto es que la persona que nos maltrata no es ni más ni menos que nuestra madre, la persona que nos ha parido y de la que cualquier bebé e infante espera sus cuidados y su amor.

Así que esa niña, que no logra entender por qué su madre la odia, termina plegándose intentando por todos los medios que su madre la ame: aceptando sus palizas y humillaciones, interiorizando el mensaje de que "es mala" y por eso "merece" el castigo y así mostrando lealtad a la figura de su madre.

Una de las tareas en terapia es darse cuenta del alcalce de ese maltrato. Cómo te ha influido en tu adultez y por supuesto en la relación con tus hijos e hijas, si los tienes. Los seres humanos aprendemos a través del ejemplo, y vamos interiorizando patrones de conducta y de pensamiento.

La gran dificultad que veo de esta situación es superar el conflicto interno que se plantean muchas mujeres, "¿cómo me voy a enfadar con mi madre?". Culturalmente la figura de la madre (y el padre) está protegida desde hace muchos siglos con el "honrarás a tu madre y a tu padre para que tus días se alarguen sobre la tierra". Este mandato se manifiesta de muchas formas dentro de cada hogar. Sólo tenéis que repasar aquellas cosas que os decían en casa que os iban a ocurrir si os "portábais mal".

Hay mujeres que abandonan la terapia porque les parece una atrocidad tocar el enfado con la madre, la justifican y excusan. Es lógico, sin embargo, una parte de la terapia consiste en señalar el daño recibido, independientemente de si nuestra madre lo hizo intencionadamente o no.

Ese daño es el que tenemos que reparar nosotras, la adulta que somos ahora y con los recursos que tenemos. Y quizá, con el tiempo, podamos perdonar honestamente a nuestra madre, y entonces el conflicto interno dejará de tener poder sobre nosotras.

Hay un dicho entre los terapéutas que dice "No se puede poner el postre sobre un plato sucio". Antes de llegar a un acto tan puro como es el perdón, hay que limpiar bien la base de todo rencor, curando las heridas del daño recibido.

Yo misma he vivido este proceso con mi madre y he acompañado a otras mujeres a sanar la relación con sus madres, estén vivas o muertas, la madre vive en nosotras a través de los recuerdos y aprendizajes que tuvimos de ella.

Si crees que necesitas sanar la relación con tu madre, ponte en contacto conmigo. Te acompañaré con todo lo que sé, con todo mi ser.

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Espero que te haya gustado mi post. Si crees que necesitas trabajar esto en terapia, puedes pedir cita conmigo. También puedes seguirme en redes sociales para acompañarme en todas las propuestas que os hago para crecer.
Carola López Moya.
Psicoterapeuta gestalt.
Habilitada para el ejercicio de profesiones sanitarias.
Colegiada nº AN07169
Experta en psicología perinatal.

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