8.8.19

El arrepentimiento de las madres



Falta a la verdad la madre que en algún momento no ha tenido un pensamiento fugaz de arrepentimiento. Bien sea porque estaba desbordada o porque ha sentido miedo u otra emoción incómoda.

En las consultas con madres es bastante frecuente tratar este sentimiento, pero hay que hacer una mención especial a las madres a las que este sentimiento está bien arraigado y es recurrente a lo largo del día, semanas, meses y años.

¿Qué hacemos con estas madres?


Normalmente la sociedad espera que cambien de opinión, minimizan sus sentimientos, las fiscaliza… pero no las toma en serio.

Todo el mundo se ha arrepentido alguna vez en su vida de algo. Puede ser de haber comenzado una relación, de haber escogido unos estudios concretos que después no te gustaron, de haber aceptado un trabajo que no querías, de haberte comprado una vivienda o un coche que después no cumplió con tus expectativas. En cualquier caso, parece que todas estas situaciones son reversibles en mayor o menor medida y por tanto el arrepentimiento se puede disipar.

El arrepentimiento es un sentimiento común y humano, pero está vetado para las madres.

Pero ser madre es irreversible. Incluso si entregas a tus hijos a servicios sociales, sigues siendo madre. Tu cuerpo ha cambiado, tu cerebro ha cambiado y las criaturas han nacido. En España se dieron en adopción el año pasado unos 130 bebés, la mayoría en Madrid y Cataluña.

¿Por qué se arrepienten las madres?


Aquí está el quid de la cuestión. Voy a hablar siempre de maternidades DESEADAS, nunca de las obligadas. ¿Qué lleva a una mujer que ha deseado ser madre a arrepentirse cuando tiene a su bebé en brazos?

Una de las grandes razones por las que la maternidad CAMBIA la vida de las mujeres es porque asumimos una gran RENUNCIA de nuestra identidad como ser humano. Se espera que las mujeres cuidemos de los hijos la mayor parte del tiempo, implícitamente la sociedad ve la profesión de las mujeres como algo secundario, un capricho infantil que se olvidará cuando llegue la maternidad. Además de que también se nos inculca que nuestro tiempo libre y autocuidados pasan a segundo o tercer plano. Se nos pide además que eduquemos con absoluta responsabilidad y cada una en su hogar.

Con este panorama, no es difícil, si eres sensible a la presión, sentir un gran arrepentimiento por la maternidad.

Pero hay que ir más allá, porque nada de lo que he dicho hasta ahora realmente tiene que ver con el hecho de “ser madre”.

Ser madre no tiene por qué implicar renuncia para siempre. No tiene por qué implicar abandonar nuestra profesión u olvidarnos de nosotras. No. Todo esto tiene que ver con el CONCEPTO de maternidad que tiene nuestra sociedad.

¿Es la maternidad la culpable de nuestra renuncia?


Definitivamente no. Las madres que reflexionamos sobre esto estamos pidiendo un cambio social acerca de la experiencia de ser madres.

Cuando nació mi hija Alicia yo pensé que no podría cuidarla, me arrepentí de haberla tenido. Incluso algunas enfermeras me dijeron que había padres que daban a “este tipo de bebés” en adopción. Yo también pensé “¿y si es lo mejor?” Fantaseé con esa posibilidad. Tenía mucho miedo al futuro. A ser cuidadora durante toda la vida. A renunciar a todo.

Las sociedades donde a las mujeres se nos inculca con más o menos mensajes implícitos que nuestro destino y realización está en ser madres, tienen mencanismos de mucha opresión y nos privan de nuestra libertad. Hacen promesas falsas sobre la felicidad continua que viviremos al ser madres, véase cualquier anuncio de cualquier producto de bebé o las revistas del papel cuché.

La evidencia científica dice que la madre es el sustrato biológico para el bebé hasta los 10 meses aproximadamente, tiempo en el que ya tiene interés por explorar. En nuestra especie, mamífera, la madre tiene la función de regular las funciones fisiológicas y emocionales del bebé: temperatura, alimento, consuelo, tranquilidad…

El desarrollo del niño hasta los tres años puede ser compartido por otras personas aunque la madre va a tener un papel importante, desde luego, ya puede verse mucho más aligerada de la carga de los cuidados. Incluso si hay lactancia en esta edad, pueden pasar horas entre toma y toma.

Esto pone de manifiesto que nuestros bebés nos necesitan por un tiempo limitado. El resto de personas, la tribu, puede tener más protagonismo cuando el bebé crece.

Adicionalmente, muchas mujeres describen que la maternidad “las aparta del mundo”. Yo misma me sentí así durante meses cuidando de mi segundo hijo. Pero la realidad es que cuando mi marido se incorporó a trabajar, yo me pasaba horas sola con ellos, sin posibilidad de entablar conversaciones con adultos. Cuando intentaba ir a algún sitio con mi bebé, los lugares NO estaban pensados para ellos. Así que casi siempre, terminaba yéndome a casa, agobiada porque el entorno no está preparado para recibir a los bebés.

En el ámbito laboral, las madres estamos mal vistas. Se nos ve como una carga en vez de como un valor añadido, que es lo que muchos estudios arrojan. Todavía en un tejido empresarial con mentalidad de la revolución industrial, las madres son vistas como personas que se van a ausentar para cuidar de hijos enfermos, que van a pedir reducciones de jornadas o que van a pedir horas para su lactancia, y todo esto, cree el empresario que le va a perjudicar.

Todas las cualidades que podríamos añadir al currículum cuando somos madres se diluyen en una sociedad machista y capitalista donde la productividad se mide en horas presenciales en la oficina.

¿Qué creemos las madres que es la maternidad?


Esto también es muy importante tenerlo en cuenta. Las mujeres terminamos interiorizando el concepto de “buena madre”: la mujer perfecta que se cuida, que tiene la casa impecable, que va a trabajar, que tiene a los niños limpios y listos en un periquete, que además es amorosa y por supuesto no descuida su relación romántica con su pareja hombre. (La familia tradicional puede ser es el escenario que el sistema patriarcal desea por perpetuar los estereotipos asignados por sexo).

Creo que la clave para que podamos aliviar el sentimiento de arrepentimiento es desmontar el concepto de maternidad que tenemos en occidente:

Maternidades llenas de exigencias, de consumismo, de soledad, de incomprensión, de niñofobia fuera del entorno del hogar, deshumanizada, insensible con los procesos psicológicos de la madre, desvalorizada y abandonada.

Aceptar que somos madres y que nos podemos permitir no llegar a todo. No necesitamos todos los chismes que nos venden. Que es la sociedad la que se equivoca al no recibir a los bebés en los entornos donde interactuamos y no nosotras por querer movernos por el mundo con nuestros bebés. Pedir comprensión cuando un bebé necesita ser cuidado frente a demandas arbitrarias y construidas socialmente. Pedir sensibilidad hacia las madres, que nos valoren porque estamos aportando al bien común con lo más preciado, nuestro tiempo y nuestro cuerpo; pedir acompañamiento hasta que las criaturas empiezan a ser autónomas y otros miembros de la tribu puedan hacerse cargo de ellas.


Por este motivo en consulta veo madres con grandes niveles de frustración, que se sienten incapaces de cuidar a sus hijos con niveles de exigencia que son difíciles de reducir, porque nos han inculcado que “ser madre” es renunciar a todo.

Madres que lloran porque ese sentimiento de arrepentimiento las llena de culpa, y aunque expresan que aman a sus hijos, no pueden disfrutar de su maternidad y estar contentas.

¿Qué implica ser una madre arrepentida?


Socialmente no está nada bien visto porque significa que una mujer NO quiere renunciar. Y si no quiere renunciar por la maternidad, es que quiere ser libre. La sociedad machaca a la mujer que no quiere ser madre: que si te vas a quedar sola, que si eres egoísta, que si nadie te va a cuidar, es que quieres estar toda la vida de parranda, eres una irresponsable…

En una sociedad machista como la nuestra esto es un escándalo, por esto es que saltan todas las alarmas.

Algunos libros, como #MadresArrepentidas de Orna Donath supusieron una gran agitación en las redes. Si bien este libro habla claramente del sentimiento de arrepentimiento y los testimonios de las madres son impresionantes y honestos, a mí me falta una crítica al sistema establecido que hace que vivamos la maternidad desde la opresión.

Echo de menos una crítica a los roles de género impuestos, pasa de puntillas sin ofrecer alternativas a una maternidad sostenida por la sociedad, que no lleve a las madres a una sobrecarga emocional tan enorme que las aboque al arrepentimiento.
Los géneros “femenino” y “masculino” no son más que estereotipos y prejuicios que se vierten en el ser humano cuando se determina su sexo, un marcador biológico como otro cualquiera: el color de la piel o la altura.

Estos roles, aunque tienen una manifestación real en la vida son ARTIFICIALES, porque se asignan a mujeres y hombres con el fin de controlar las vidas y proteger el orden patriarcal establecido.

Es muy triste que una mujer que desea ser madre no pueda después disfrutar de la maternidad

¿Ser mujer implica ser madre?


En nuestra sociedad, por los roles impuestos, sí. La mujer, como hembra humana adulta que es, tiene la capacidad de gestar, parir y exterogestar. Pero no es obligatorio. Tenemos acceso hoy día a métodos anticonceptivos y en última instancia, podemos decidir no mantener relaciones sexuales y no quedarnos embarazadas.

Es importante también preguntarse qué lleva a las mujeres a ser madres. Tener claro de dónde nace el deseo de ser madres es muy esclarecedor. A veces se cede a la presión de ser madres porque ya "se te pasa el arroz", aunque tú en realidad no estás muy convencida, o porque tu madre o tu pareja no paran de pedírtelo, o porque tus amigas tienen todas un bebé y tú no...

Cualquiera de estas razones no parten de un deseo genuino de ser madre, sino que responde a la necesidad de complacer a otros.

Ser madre o padre significa cuidar de una criatura. Simple y llanamente. Incluso puede que ese bebé nazca con una discapacidad y tenga que ser cuidado para toda la vida. Cuidar implica tratar bien, no hacer daño, sacar lo mejor de esa criatura...

¿Cómo hemos llegado hasta este concepto de maternidad?


Parece que los estudios antropológicos arrojan luz sobre la relación que existe entre la sexualidad humana, la reproducción y la maternidad como la entendemos ahora.

Se sabe que durante épocas del neolítico las mujeres disfrutaban de su libertad sexual y reproductiva como deseaban. La cultura era matrilineal, es decir, se sabía quién era la madre del bebé, pero la figura paterna estaba diluida. Cualquier hombre podría ser el padre. Esto podría ser una ventaja adaptativa para que el bebé fuera criado y aceptado por toda la tribu, sin competitividad.

Sin embargo, seguramente por problemas con los recursos naturales, hubo migraciones de otras tribus que empezaron a agredir a las tribus pacíficas matrilineales.

Por observaciones de la reproducción en otros animales, se dieron cuenta de que había rasgos que el hijo recibía de la madre y del padre. Así que para asegurar la descendencia de los mejores individuos, por fuerza, altura… empezaron a coartar la libertad sexual de las mujeres para conocer el linaje patriarcal, es decir, saber que ese bebé tenía un padre concreto.

Esto explicaría las conductas agresivas hacia las mujeres como las violaciones, relaciones sexuales forzadas y el matrimonio pactado. La mujer que se sospechaba infiel estaba poniendo en peligro el linaje de los bebés que podía traer al mundo. El PATER se convierte en una figura de máxima importancia.

Podemos deducir que las violaciones tienen una base cultural y no biológica como muchos machistas nos quieren hacer creer. 

Este es el origen del control reproductivo y de la anulación de la libertad sexual de las mujeres. De la importancia que tiene en nuestros días la PATERNIDAD y de que las mujeres sólo seamos una VASIJA, como ocurre con la violencia obstétrica, donde el bebé es el bien más preciado e incluso el ensañamiento contra la mujer está justificado si “el bebé ha nacido sano”.

Todos estos datos nos dan una visión de lo que significa “ser madre” en nuestra cultura occidental y de la necesidad que hay de deconstruir este concepto para que las madres podamos recuperar nuestra libertad a la vez que disfrutamos de la maternidad.

 

Artículos y libros de interés


  • #madresarrepentidas de Orna Donath


Espero que te haya gustado mi post. Si crees que necesitas trabajar esto en terapia, puedes pedir cita conmigo. También puedes seguirme en redes sociales para acompañarme en todas las propuestas que os hago para crecer.

Carola López Moya.
Psicoterapeuta gestalt.
Habilitada para el ejercicio de profesiones sanitarias.
Colegiada nº AN07169
Experta en psicología perinatal.

16.7.19

¿Por qué ayudo a mujeres a recuperar su alegría de vivir fomentando su resiliencia?



¿Por qué ayudo a mujeres a recuperar su alegría fomentando su resiliencia?


Cuando nació Alicia yo no me esperaba que una negligencia fuera a llevarse la vida típica de nuestra familia y la de ella misma, la afectada.

😭Me he tenido que enfrentar a las noches más oscuras, a los miedos más terribles que una madre puede experimentar. Sólo se me ocurre peor escenario: la muerte de un hijo.

Durante meses pensé que nunca jamás sería feliz. Durante semanas me daba igual si tenía un accidente. Nada tenía sentido cuando me dijeron que mi hija no sobreviviría al primer invierno. Que sería un vegetal.

🌱Pero la vida se abre paso y con ayuda empecé a buscar un sentido a lo que pasó. Mi hija me fue demostrando que la vida nos trasciende, que siempre hay margen de mejora.

🍂Me di cuenta de que las mujeres que me rodeaban también estaban pasando por situaciones difíciles. Si no han perdido un hijo, un marido, una hermana… han tenido que superar una enfermedad, han perdido el trabajo o la casa; han sido maltratadas…

Se estima que cada persona va a vivir dos o tres experiencias traumáticas significativas en su vida.

Eso quiere decir que de alguna forma u otra tendremos que poner en marcha nuestros recursos para ser resilientes.

🌈La resiliencia es la capacidad de superación que tenemos los seres humanos, pero no es innato. Hay que desarrollar esta cualidad.

Este precisamente es mi propósito: ayudarte a recuperar la alegría a pesar de haber vivido un trauma fomentando tu resiliencia.

¿Quieres que te acompañe? Escríbeme.

#resiliencia #superación #psicoterapia #maternidad #propósito

Carola López Moya.
Psicoterapeuta gestalt.
Habilitada para el ejercicio de profesiones sanitarias.
Colegiada nº AN07169
Experta en psicología perinatal.


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4.7.19

Los límites de la crianza respetuosa: ¿cómo controlarme para no pegar a mi hijo?



Quiero dar las gracias a MamáDibuja por esta magnífica ilustración que destaca que la violencia en ningún caso es educación.

Vivimos en una sociedad donde poco a poco se va afianzando la firme creencia de que la violencia NO es el mejor método para relacionarse con las personas. Estamos en alerta constante con temas tan dolorosos como el #bullying, la #violenciamachista, el #acosolaboral...pero cuando se trata de violencia ejercida hacia los niños y niñas, hay silencio o justificaciones.

"A MÍ ME PEGARON Y NO ME HA PASADO NADA"


Esta es la frase más repetida en redes sociales y conversaciones de sobremesa. Personas inconscientes de que sí les ha pasado algo, y es horrible, han interiorizado la violencia, y eso les hará reprimir sus sentimientos de culpa cuando la ejerzan y la vean.

Tenemos esto claro, ¿verdad?. No se debe usar la violencia sobre los niños y niñas.

Yo voy a poner un PERO en este asunto. ¿Qué les pasa a las madres que a pesar de saber esto, leer, informarse e incluso asistir a talleres sobre crianza respetuosa terminan gritando y pegando a sus hijos e hijas? ¿Son malas madres? ¿Malas personas?

Como dice Alice Miller en su libro "El drama del niño dotado", los adultos que han sido educados con violencia (no hace falta que sean palizas, valen los tirones de pelo, zapatillazos, gritos...) en su adultez dirigen toda esa ira contenida hacia sus propios hijos e hijas, que son vulnerables, no se pueden defender. Y así, continuará la dinámica familiar a menos que se ponga consciencia de ese patrón de relación aprendido y se ponga toda la carne en el asador para salir de ahí.

He escuchado muchas veces a mis clientas contarme que se sienten culpables e impotentes cuando no pueden llevar a cabo las estrategias de un libro de crianza respetuosa que han leío, o que los consejos de la psicóloga del colegio han caído en saco roto.

"¿Cómo controlarme para no pegar a mi hijo?"


¿Cómo romper con esa espiral de violencia intergeneracional?

Las herramientas de la terapia gestalt nos permiten actuar en el presente a través de las emociones que el propio cuerpo expresa y que se gestaron en el pasado. Alguna de mis pacientes describía, al recordar una escena con su madre donde era agredida, cómo sentía que le ardían los brazos, pero al ser una niña se quedaba quieta por miedo a su madre. En la actualidad, se sentía impotente cuando la frustración la llevaba a golpear a sus hijas.

Canalizar esa ira antigua de forma adecuada, cerrar aquellas agresiones que se habían producido mediante el abuso de autoridad y una relación asimétrica donde ellas, de niñas, no tenían ningún poder, forma parte de la sanación.

La crianza respetuosa es el futuro para nuestros hijos, pero una vez más, la experiencia me dice que el trabajo siempre se hace desde nuestro interior hacia el exterior. No valen los consejos si no se acompaña de un trabajo interior de transformación.

Entender la verdad de nuestra historia personal, de aquella niña que fuimos, cerrar las cuentas pendientes, validar el dolor por no haber tenido los padres que esperábamos y tener confianza y compasión por nosotras mismas forma parte del proceso de sanación.

Aceptar nuestro pasado mientras tenemos la certeza de que nuestro presente podemos construirlo como adultas que somos con los recursos que tenemos y así criar a nuestros hijos e hijas de forma respetuosa.

Es un proceso que merece la pena transitar.

#crianzarespetuosa #psicología #patronderelación #violenciaheredada #violenciaNOeseducación

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22.11.18

La mística de la discapacidad



Hace 5 años que me convertí en madre de una niña con discapacidad. Alicia tiene parálisis cerebral por una negligencia de la matrona que nos abandonó en el posparto inmediato.

Durante todos estos años he lidiado con el duelo por la pérdida permanente de su salud y la sobrecarga emocional de la lucha por lograr una mejor calidad de vida para ella a base de tratamientos médicos y terapias rehabilitadoras.

He conocido a muchas personas de este mundo de la discapacidad y algo que me ha llamado siempre la atención de forma muy poderosa es la forma de tratar la discapacidad como si fuera algo grandioso, un don.

Frases como "solo a los más fuertes Dios les da las batallas más duras" o similares se asocian a nuestra situación de madres cuidadoras.

Queda un regusto amargo cuando lees estas frases, como si lo que es una putada quisieran envolverlo en papel de regalo.

Este barniz místico que se le atribuye a la discapacidad lo que hace es desacreditar el duelo y esconcer algunas injusticias.

El duelo consiste en expresar la ira, la desesperación, la tristeza... pero ¿cómo te vas a permitir esto si "tener un hijo con discapacidad es una bendición"?

La mística de la discapacidad es otra forma más de quitarnos argumentos para denunciar las injusticias que como madre cuidadora sufro y mi hija con discapacidad también.

Denunciar el maltrato institucional, la discriminación escolar, la falta de empatía social, el empobrecimiento familiar... choca con la idea de que "tener un hijo con discapacidad es lo mejor que me ha pasado en la vida".

A nivel personal he desarrollado capacidades que de otro modo no habría hecho, pero es equiparable a haber sobrevivido a un terremoto, un accidente grave de tráfico, a una violación o cualquier otra situación traumática que cambia significativamente la vida.

Nadie en su sano juicio justificaría con mística ninguna de estas situaciones.

Sin embargo, creo que esta mística está relacionada con el papel que el sistema patriarcal nos ha dado a las mujeres, que tenemos el papel de cuidadoras en todas las escenas de la vida.

Forma parte de este contrato social donde se nos quiere mantener "contentas" con el trabajo de cuidado, dándole un matiz místico que nos haga especiales, perpetuadoras del sistema.

Yo no quiero ser una madre cojare, ni ser más fuerte que nadie. Quiero que haya justicia y que para mí la discapacidad de mi hija no me suponga un esfuerzo extra: perder la salud física y mental antes que otras madres con hijos y un empobrecimiento de mi familia.

Si hubiera justicia social, no me tendrían que vender la moto con la "mística de la discapacidad".

Carola López Moya
Madre de una niña con discapacidad.
Psicóloga y terapeuta gestalt.
Presidenta de Insituto Magnolia



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23.10.18

El parto, una barrera psicológica para la lactancia materna




Cuando una mujer se queda embarazada tiene por delante 9 meses de proceso físico y emocional.

Los datos dicen que el 20% de las mujeres embarazadas sufrirán pérdida gestacional, la mayoría lo hará en las primeras 12 semanas.

Estos fríos datos tienen una versión más humana en cada experiencia que escucho atentamente de mis clientas.

Yo misma pasé por eso. Una pérdida gestacional al las 9 semanas de gestación.

En mi tercer embarazo pasé muchísimo miedo. Os lo cuento aquí. No sólo por el miedo al parto por lo que me pasó con Alicia, que fue algo excepcional. Sino porque ya había perdido la inocencia de la experiencia de un embarazo saludable al perder a mi bebé en el segundo embarazo.

Esta situación hace que muchas mujeres vean el parto como una meta. No se plantean nada más allá.

Las sensación es que hasta que no llegue el parto y tengan a su bebé sano y salvo, no se plantean nada. Pierden la oportunidad de informarse sobre las lactancia materna.

Incluso cuando se aborda la posibilidad de informarse sobre lactancia materna en consulta, expresan que eso les queda muy lejos de alguna forma y aparecen resistencias.

El parto se convierte en una barrera psicólogica para la lactancia materna.

Por eso es importante, como dice Carmen Vega, médico y consultora IBCLC de lactancia materna, que las profesionales de la salud de la mujer atendamos tres aspectos fundamentales:

1. Información sobre lactancia materna. Si se aborda de golpe tras el parto, puede suponer una carga más y agobiar a la mujer que hace decidido dar el pecho.

2. Apoyo familiar y social. Invitar a ir a los grupos de apoyo a la lactancia, tanto a ella como al los padres y abuelas y abuelos para que pregunten todas las dudas y vean que la lactancia es una inversión en salud física y mental.

3. Confianza en su cuerpo. El pecho está diseñado para dar el pecho. Excepto si hay un problema médico, las mamas van a secretar leche. Nadie duda que sus riñones van a funcionar después de beber agua a menos que sepa que tiene una enfermedad.

Los profesionales de la salud que trabajamos con mujeres debemos tener esto muy presente a la hora de hacer nuestro trabajo. Atender lo urgente que le preocupa pero también trabajar los miedos para ganar confianza para que puedan pensar en la lactancia materna durante el embarazo.

Siempre, eso sí, desde el respeto a los tiempos de cada mujer, y sabiendo que incluso aquella que no quiera saber nada de lactancia antes del parto, podrá después tomar las riendas de su lactancia si así lo desea dándoles todo el apoyo que necesiten.

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3.10.18

Apertura y disponibilidad



Puedo afirmar que el dicho "cuando una puerta se cierra, otra se abre" es real porque es precisamente lo que me ha pasado.

El otoño 🍁 es mi estación favorita, donde me renuevo y renazco. De hecho, nací el último día del verano y cada año vivo esta estación con mucha fuerza.

Este curso siento mucha apertura y disponibilidad con mi profesión, la psicología. Para quien no me conozca, soy madre de una niña con discapacidad que ahora tiene cinco años. Adaptarme a sus rutinas, sus procesos de enfermedad y tratamientos no ha sido fácil, pero cada año me adapto mejor, y este es el definitivo.

Ahora tengo más tiempo para dedicarme a mi vocación: la psicología.

Mi experiencia vital con Alicia, sin quererlo, me ha dado una especialización:

Acompaño a personas que han vivido una experiencia traumática a recuperar la alegría de vivir a través de la terapia orientada a la resiliencia, que es la capacidad del ser humano de superar las adversidades, dando al dolor emocional la importancia que merece. 

Si necesitas una profesional que entienda por lo que estás pasando, puedes mirar mi hoja de servicios profesionales de psicología. Deja de ver la vida pasar, y vive ahora.

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1.7.18

Cerrando etapas


Hola amigas que me leéis. Esta noche os escribo porque tengo la oportunidad de hacerlo en este momento que mis hijos duermen.

Ha llegado el final de curso y no es fácil llevarlo todo para adelante, así que he decidido cerrar algunos proyectos. 

Uno de ellos es este blog, que desde hacía meses lo tenía sin actualizar. Un blog necesita post semanales que yo no puedo escribir, y no es porque no tenga ideas ni tenga cosas que compartir, sino que no tengo el tiempo suficiente para hacerlo.

Mi hija mayor, Alicia, es la que más tiempo requiere para sus cuidados, y el pequeño está en una edad adorable de la que no me quiero perder ni un minuto, además de estar ahora en el proyecto de Insitituto Magnolia, acompañando a padres y madres con hijos con discapacidad de mi zona.

Espero que disfruteís no obstante mucho de mi blog, pues tiene más de 80 entradas para leer.

Un abrazo, y hasta pronto!

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